66 días de agonía del gobierno de Fujimori, en Perú: las especulaciones de algunos miembros de su círculo cercano sobre su salida del poder

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Eduard Soto

Periodista Universidad de la Sabana / Enviado especial EL TIEMPO

30 de enero 2026, 12:28 A.M. Actualizado:30.01.2026 00:28

Diez minutos después de ver en el siempre encendido televisor de su despacho la revelación que acababa de emitir el Canal N de noticias, el presidente de Perú, Alberto Fujimori, pidió a su primer ministro, Federico Salas, que bajara a su despacho. A partir de ese momento, 5:30 de la tarde del jueves 14 de septiembre del año 2000, le quedaron 66 días de vida a su gobierno.

Salas bajó rápido. Estaba trastornado. Él, junto con el resto del gabinete ministerial, esperaba al presidente en la planta de arriba para una sesión más del Consejo de Ministros. En el televisor del salón, el Gabinete observó cómo Vladimiro Montesinos, el asesor de inteligencia del presidente Fujimori, entregaba 15 mil dólares al congresista opositor Alberto Kouri para que se pasara a la bancada oficialista.

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El ex asesor presidencial de inteligencia de Perú Vladimiro Montesinos, habla enérgicamente el 03 de setiembre de 2001, en la Base Naval del Callao, Perú, donde permanece recluido, al ser retirado tras una audiencia publica frente a la comisión que investiga su caso ante el Congreso.

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—¿Cómo le parece lo de la televisión?, recibió Fujimori a Salas.

—Presidente, es desastroso. Es realmente grave. Lo que tenemos que hacer inmediatamente es retirar del cargo a Montesinos

Federico Salas, un experto en mercados que en apenas cuatro años de vida política ya había sido alcalde de Huancavelica, una de las regiones más pobres de la sierra peruana, y candidato presidencial de oposición en las pasadas elecciones, fue enfático: "Hay que destituirlo".

Frente a él, el presidente observaba. No hablaba, no daba respuestas. Por primera vez, Salas notó que su jefe no tenía todas las cartas consigo. Entendió por fin que Vladimiro Montesinos no era un asesor más, era un poder siamés, tal vez el verdadero poder. Lo comprendió tarde.

A algunos kilómetros de allí, la congresista Marta Chávez, incondicional de Fujimori contra viento y marea, sufría en su casa los estragos de una bronquitis. Al conocer la noticia del video Kouri, se comunicó con la presidenta del Congreso, la también oficialista Marta Hildebrandt.

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El presidente peruano Alberto Fujimori se dispone a subir al auto presidencial el 24 de setiembre de 2000, después de abandonar el Cuartel General del Ejercito en el día de las Fuerzas Armadas del Perú.

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—Marta, suspende la sesión —le dijo—. Esto es gravísimo. Acaban de voltearnos la página. Montesinos aparece dándole dinero a Kouri para que se cambie a nuestro grupo.

—¿Es tan grave?, contestó una despistada Hildebrandt.

—Sí Marta, muy grave.

No hubo de pasar mucho tiempo para que los opositores, entre ellos el pertinaz Alejandro Toledo, utilizaran los medios de comunicación para exigir la renuncia del mandatario. La gente salió a las calles de Lima y otras ciudades a protestar. Cientos de peruanos lavando banderas y con representaciones de Montesinos y Fujimori luciendo los trajes a rayas de los reclusos se tomaron las inmediaciones de un palacio de Gobierno donde Salas se desesperaba en el intento de convencer al presidente de la destitución del asesor.

—Voy a hablar inmediatamente con Vladimiro —dijo el ministro.

—Señor Salas, no es el mejor momento para hacerlo. Quizás mañana, él está muy ofuscado.

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28 de septiembre del 2000. Cientos de estudiantes protestan contra el gobierno de Alberto Fujimori, en Perú.

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  1. Las palabras del presidente confirmaron la sospecha de que Fujimori y Montesinos ya habían conversado. Eso molestó a Salas, pero la entrada de Keiko, la hija mayor del presidente que oficiaba de primera dama, rebajó las tensiones en la pequeña y desordenada oficina austera, llena de documentos de trabajo. A Keiko se le notaba compungida. Hablaba poco, pero cuando lo hizo se mostró insistente.

"Esta es la gran oportunidad para que de una vez salga este hombre", dijo entre nerviosa y maternal, con un tono que parecía más un consejo que una exigencia extrema.

  1. Arriba, en la sala del Consejo, el gabinete lucía confuso. Al borde de las 11:30 de la noche, el presidente hizo traer sillas a su despacho. Luego llamó a los ministros para preguntarles, uno a uno, su opinión. Sorpresivamente, tomó el teléfono y marcó un número. Al otro lado de la línea, la voz de Montesinos.

—Señor Salas, háblele usted lo que me ha propuesto —decidió el presidente.

—Vladimiro, estamos hablando de un hecho muy grave, de un hecho delictivo. Debes entender la situación. Esto no es cuestión de buscarle una salida, de manejarlo. Lo que se ha hablado con el presidente es de tu salida. Y tú tienes que salir.

—Federico, esto lo podemos manejar, lo podemos resolver. Kouri ya ha salido, es cuestión de tiempo.

—No, Vladimiro, esto no se puede resolver. Tú tienes que salir.

—Escúchame bien. Ningún presidente, ni ningún presidentillo del Consejo de Ministros me va a sacar de donde estoy. Yo tengo tres mil hombres armados acá dispuestos a pelear. Si quiero, yo doy un golpe de Estado y si sigues insistiendo en esto, tú no llegas ni a la reja del palacio.

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Activistas de los Derechos Civiles se agrupan frente a la embajada de Chile, en Perú.

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Al día siguiente, Salas, junto con el ministro de Economía, Carlos Boloña, y el de la Presidencia, Edgardo Mosqueira, visitaron la oficina de Montesinos en el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). Cuando entró en el despacho, a Salas lo intimidó la presencia de los tres comandantes generales de las Fuerzas Armadas y del director de la Policía Nacional. El mensaje fue claro.

—Mira, Federico, 15 mil dólares no pueden tumbar un gobierno. Entiéndelo. Lo que tenemos que hacer es sostener la unidad y tú tienes que ser consciente de que si yo caigo, caemos todos.

Los dos ministros no dijeron una palabra, y los militares, como convidados a una reunión de la que no conocían mayores detalles, solo asintieron con la cabeza. Salas regresó a palacio. Allí, reunidos ya no en el despacho, sino en el salón Grau, buscaban una salida. El presidente abandonaba por instantes el salón para recibir las llamadas directamente en su oficina. Salas piensa que algunas de esas tantas llamadas fueron de la embajada de EE. UU. Incluso, que el propio embajador de ese país, John Hamilton, pudo haber estado en palacio. En las calles, los indignados peruanos continuaban con las movilizaciones.

¡HE SIDO TRAICIONADO!

  • A las 8 de la noche de ese viernes, la congresista Chávez, junto con Luz Salgado, otra de las figuras prominentes del fujimorismo, y algunos parlamentarios más fueron citados al SIN. Los sorprendió la presencia de Kouri al lado de Montesinos intentando convencerlos de que todo era un montaje.

—No se trataba de un soborno. Era un simple préstamo —dijo Kouri.

—Yo no he hecho nada por beneficiarme sino por crear estabilidad. Además, ustedes no fueron capaces de crear mayoría en el Congreso, no tienen nada que criticar —dijo Montesinos—. Ustedes han sido muy cómodos.

—Cómodos o lo que sea, señor Montesinos, usted se tiene que retirar del SIN —dijo airada Chávez—. Ya no es solo el tema del video, ahora a mí me preocupa la confidencialidad de la información, porque así como se ha visto este video, ¿qué hay, señor Montesinos, de la información reservada?

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Un trabajador pasa delante de un grafiti en contra del ex-presidente Alberto Fujimori y su asesor Vladimiro Montesinos en la Plaza Mayor de Lima, Peru, el 21 de noviembre de 2000. Ante la renuncia a la presidencia de Alberto Fujimori remitida desde Japon, el Congreso peruano se encuentra realizando una sesion en la que se designara al nuevo presidene del pais. (FILM) AFP PHOTO / Fidel CARRILLO

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—Sí, yo he sido traicionado, alguien ha filtrado la información. ¿Cuánta más información se ha filtrado? No sabemos.

—Señor Montesinos, usted trabaja en inteligencia y sabe que el que entra en inteligencia y se equivoca en inteligencia, muere —replicó Chávez.

Montesinos se exaltó. Se vio acosado y salió de la oficina. Regresó con los tres comandantes generales de las FF. AA. De nuevo el mensaje fue claro.

EL HARAQUIRI

Las congresistas Chávez, Salgado e Hildebrandt se reunieron luego en palacio, en el salón Embajador, con el presidente. Estaba tranquilo. Su rostro no dejaba traslucir ninguna emoción.

—Calma, estoy pensando. No será la primera vez que yo me tomo tiempo para decidir lo más conveniente.

—Presidente —dijo Chávez—, si Montesinos fuera alemán ya se hubiera mascado su pastillita de cianuro, y si fuera japonés, ya se habría hecho el haraquiri.

A las dos de la tarde del sábado 16 de septiembre, el presidente ya había tomado una decisión. Para él, la solución fue la salida de Montesinos y adelantar elecciones, pero pensaba anunciarlo al país el martes o el miércoles. Salas lo convenció de lo contrario. El anuncio había que hacerlo de inmediato.

Días después, Salas reveló que el presidente tomó la decisión cuando se convenció de que Montesinos no se iba a ir. "Ahí es cuando se produce la ruptura entre los dos. Entre ellos ya no había comunicación", cuenta el ministro.

Sin que al parecer Montesinos supiera de su decisión, cosa extraña si se piensa que el palacio estaba sembrado de micrófonos, el presidente citó a las 8:30 p. m. a todos los ministros, a los tres comandantes generales de las FF. AA., al director de la Policía, a la Fiscal de la Nación, a los dos vicepresidentes, a la presidenta del Congreso, a Chávez, a Salgado y a Absalón Vásquez. Su hija Keiko estaba a su lado. Allí les comunicó su decisión.

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El ex presidente de Perú Alberto Fujimori asiste hoy, 1 de agosto de 2008, en la Sala Penal Especial en la que es juzgado por violaciones a los derechos humanos, en Lima (Perú). EFE/Poder Judicial/SOLO USO EDITORIAL

Foto:EFE

—Marta, ¿viste? Se hizo el haraquiri —susurró Salgado a Chávez.

En los días siguientes, el presidente volvió a asumir las riendas del país y el proceso de transición hacia nuevas elecciones, ayudado por la decisión de Montesinos de irse a buscar asilo en Panamá y por las gestiones de EE. UU. y la OEA en el mismo sentido. También hizo algunos paseos por las guarniciones militares, pero los rumores de golpe eran incontenibles.

El breve periodo de sosiego se interrumpió con la decisión del exasesor de regresar. El propio presidente encabezó un grupo que lo buscó, sin una orden judicial ni de captura, en las guarniciones militares y en las casas de descanso.

—El presidente se descompuso. Puedo asegurar que él empezó una cacería de pruebas, no de Montesinos. Él estaba intentando recoger pruebas que lo pudieran incriminar —cree Salas.

Con el tiempo, el presidente se volvió más reservado, más inescrutable. Llamaba la atención de Salas que con el paso de los días consultaba menos sus decisiones. Era una isla en medio de un mar de inestabilidad.

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Fujimori, entonces presidente de Perú, comanda la búsqueda de Montesinos.

Foto:CRIS BOURONCLE

EL VIAJE

El lunes 13 de noviembre, el primer ministro Salas recibió muy temprano una llamada a su casa. Uno de los edecanes del presidente le dijo que debía estar en el Grupo Aéreo número 8 para despedir a Fujimori.

—¿Despedirlo? —preguntó Salas. —Sí, se va para Brunéi. —Pero él no me había dicho nada.

El presidente viajó a la cumbre de Cooperación del Pacífico y luego debía ir a Panamá a la cumbre de mandatarios iberoamericanos. La gran pregunta que se hizo Salas fue: ¿Regresará?

  1. Para el jueves 16 de noviembre, el fujimorismo ya había perdido la mayoría de apoyos en el Congreso y por tanto la presidencia del legislativo. La cabeza del presidente estaba en manos de la oposición. Fujimori intuyó la inminencia de la declaratoria de vacancia presidencial. No se equivocó.

De Brunéi saltó hacia Japón, patria de sus padres. Desde allí, el 19 de noviembre, llamó al ministro Salas.

"Él me dijo que iba a postergar su retorno de Japón por unos días y que iba a presentar el lunes o martes una carta de renuncia al Congreso y me pidió que no dijera nada. Yo le dije que eso no era posible, que lo lamentaba mucho, que una noticia de esa naturaleza no podía callarla. Él intentó convencerme y yo le dije que estaba cometiendo otro gravísimo error. 'Yo cuelgo con usted e inmediatamente llamo a los medios de comunicación'", le advirtió Salas.

En la mañana de ese mismo domingo, la congresista Chávez y otros cercanos del presidente recibieron una carta sin firma del mandatario. En ella anunciaba su dimisión definitiva y su voluntad de postergar su regreso. Ante esto, Chávez llamó al presidente a Japón.

—Presidente, usted tiene que regresar. —No, doctora, no es conveniente. Quizás en unos meses, o un año, máximo, todo se puede aclarar. Yo necesito estar acá libre para desentrañar todo esto. —Pero es que van a decir un montón de cosas. —No me importa.

Tal como lo advirtió, Salas colgó y llamó a Radioprogramas del Perú para anunciar la dimisión del mandatario. Los ministros renunciaron en bloque ese mismo domingo, y el Congreso, ahora de mayoría opositora, ni siquiera permitió debatir la renuncia que desde Japón hizo llegar el lunes 19 de noviembre el presidente. Lo destituyeron de manera fulminante al declarar la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente.

EL FIN

Todo comenzó con un video que parecía que no derribaría al coloso, pero hay otros que manejan otra tesis. El primer ministro Salas sospecha que la verdadera causa de la caída de Fujimori no fue el video Kouri sino las críticas que el presidente le hizo al Plan Colombia desde el día que puso al descubierto el extraño tráfico de armas jordanas hacia la guerrilla colombiana de las FARC, vía Perú. "Eso fue meterse en asuntos que comprometían la política de seguridad regional de EE. UU. en América Latina", dijo a EL TIEMPO.

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Tras pasar 15 días en una clínica y aún con problemas para caminar, el expresidente peruano
Alberto Fujimori, retornó en silla de ruedas a la prisión donde purga condena por crímenes de corrupción y de lesa humanidad.

Foto:EFE

Por lo que haya sido, en tan solo 66 días se derrumbaron los diez años y 114 días que Alberto Fujimori estuvo en el poder. ¿Regresará algún día del Japón?

Su exesposa, Susana Higuchi, la madre de sus hijos, la mujer que lo acompañó en los primeros años de Gobierno, y la que asegura que fue torturada luego de que descubrió la corrupción del presidente y Montesinos, responde: "Intuitivamente, sé que no va a volver nunca. Es un cobarde".

EDUARD SOTO

Enviado Especial EL TIEMPO

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