Análisis
Una dramática situación socioeconómica, el fantasma de la captura de Maduro y la amenaza de Donald Trump tienen hoy al régimen en jaque.
Tras la captura de Maduro, y con factores socieconómicos presionando, em Cuba se vive en la incertidumbre. Foto: AFP

31.01.2026 18:34 Actualizado: 31.01.2026 18:34
En un negocio privado en La Habana (Cuba) dejaron de aceptar transferencias electrónicas como método de pago. Solo efectivo. “No sabemos lo que va a suceder aquí, mira lo que pasó en Venezuela”, dice su dueño. Al día siguiente de la incursión militar estadounidense en Caracas (3 de enero), el presidente Miguel Díaz-Canel gritaba histérico y alterado “¡abajo el imperialismo!” en la plaza de la Revolución, mientras agitaba una bandera cubana y otra venezolana.
Allí se habían reunido la cúpula ministerial y decenas de personas tan pronto se supo que Estados Unidos había atacado la capital venezolana y capturado a Nicolás Maduro y a su esposa. Díaz-Canel declaró un duelo oficial en la isla por los 32 cubanos abatidos durante la operación, los mismos que el régimen había negado que estuvieran a cargo de la seguridad del dictador caído.
El presidente de Cuba, Miguel Diaz-Canel en homenaje a los caídos en captura de Maduro. Foto:EFE
Al otro extremo del país, en Santiago de Cuba, apareció un cartel colgado en una vivienda: ‘Cayó Maduro, vengan por Canel’. En otra provincia, en Villa Clara, encima de una carreta de caballo –el transporte más usado en las regiones de la isla– la gente comentaba que “ahora sí se va a poner fea la cosa”… más de lo que ya está, porque se va a acabar la entrada de petróleo y subirá el precio de las divisas.
En La Habana se respira un ambiente tenso, pero la gente siente esperanza; algunos estarían dispuestos a que en Cuba sucediera algo similar a lo ocurrido en Venezuela con tal de librarse de la miseria y la opresión, como lo soñaron en 1989, tras la caída del Muro de Berlín.
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La gente está cansada. Cansada de las extensas horas de cortes de luz –en 2025, hubo días en los que el 45 por ciento de la isla estuvo más de 20 horas sin luz–; de la falta diaria de alimentos y de medicamentos; de las tiendas que cobran exclusivamente en dólares y de la devaluación extrema del peso cubano; de las enfermedades, de las muertes por esas enfermedades, de la falta de todo o casi todo. La gente está cansada del abandono estatal y de los dirigentes que solo piden resistencia y sacrificio. A bastante gente le hace gracia que Marco Rubio vaya a dirigir Cuba, como lo insinuó Donald Trump el 11 de enero en su red social Truth. Quieren un cambio que no han podido impulsar por sí mismos en seis décadas. Quieren oportunidades, comida, luz y libertad.
La cúpula del poder ha movilizado su maquinaria discursiva y performática tanto para posicionarse contra la acción militar en Venezuela como para asegurar que los cubanos están dispuestos a “derramar su sangre” para defender el sistema. Después del 3 de enero, se ordenó un movimiento inusual de armamento en las calles de la capital. También hicieron un llamado general de preparación para la defensa, un ejercicio en el que la misma gente que pasó sin electricidad la noche anterior tuvo que acudir a trincheras de entrenamiento para simular que lanzaban una granada y que disparaban un fusil.
La respuesta estatal
Presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, se pronunció en rechazo de la captura de Maduro. Foto:EFE
La cúpula del poder ha movilizado su maquinaria discursiva y performática tanto para posicionarse contra la acción militar en Venezuela como para asegurar que los cubanos están dispuestos a “derramar su sangre” para defender el sistema. Después del 3 de enero, se ordenó un movimiento inusual de armamento en las calles de la capital. También hicieron un llamado general de preparación para la defensa, un ejercicio en el que la misma gente que pasó sin electricidad la noche anterior tuvo que acudir a trincheras de entrenamiento para simular que lanzaban una granada y que disparaban un fusil.
Por otra parte, el 11 de enero, apenas una semana después de su incursión en Venezuela, Trump escribió en Truth Social: “¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba! ¡Cero!”; y luego añadió: “Les sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”. Ese mismo día, aseguró desde el Air Force One que estaba “hablando con Cuba”. Pero horas después, Díaz-Canel negó las palabras de su homólogo. No sabemos quién dice la verdad.
Más sanciones de Washington a Cuba. Foto:Reuters
La isla y Estados Unidos tienen rencillas históricas. El régimen cubano ha logrado sobrevivir –a golpe de apoyo exterior, concentración del poder y represión– a la retórica guerrerista de su mayor enemigo. Ha usado el embargo económico como excusa y ha sumido al país no solo en la pobreza, sino en un escenario de alarmismo en el que el enfrentamiento siempre está por llegar. Le ha pedido abnegación al pueblo cubano, le ha pedido entregar la vida para salvar la “revolución”. Le ha pedido la muerte.
Cuba, es cierto, ha vivido en una crisis constante e in crescendo desde el triunfo de la revolución y el país ha prosperado en poca cosa. El Estado, como el gran hermano, todo lo ve y todo lo controla; la propiedad privada es un demonio y rezago del pasado capitalista, aunque haya tenido que permitirla en momentos críticos. Mientras tanto, los derechos políticos no existen y los pilares sociales –salud, educación, trabajo– se desmoronan como los edificios de La Habana Vieja. Se pensó que no podía venir algo peor que el Período Especial de los noventa, que los apagones no regresarían, que la gente iba a prosperar. Pero no era así. Por eso, ha habido ciclos de protestas masivas más o menos cada diez años.

Países cercanos a Venezuela c rechazan ataques de EE. UU. Foto:
Las claves del régimen cubano
¿Sobrevivirá el régimen a una crisis tan aguda como la actual? ¿Qué condiciones reales hacen pensar a muchos que el país ‘socialista’ caribeño va a caer al perder el apoyo de Venezuela, su salvavidas desde hace más de dos décadas? ¿Por qué otros creen que no sucederá absolutamente nada?
En primer lugar, está la estructura. Resultado de una revolución violenta, advierten los politólogos Steven Levitsky y Luca Way, estos regímenes suelen ser notablemente duraderos y culminar en un autoritarismo. Suelen, también, sobrevivir a pesar de la hostilidad exterior, los malos resultados económicos y los fracasos políticos a gran escala.
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Cuatro elementos explican la resistencia de sistemas como el cubano: a) destrucción de centros de poder independientes; b) partidos gobernantes cohesionados; c) un estrecho control partidista sobre las fuerzas de seguridad; y d) poderosos aparatos coercitivos. No obstante, las herencias revolucionarias no son permanentes; muchos de los elementos que las sostienen se degradan con el tiempo –en especial con la muerte de la generación revolucionaria–.
Ello se suma al papel central y único del Partido Comunista, que, según la Constitución, está por encima del Estado y la sociedad. La ley no tiene sentido en la isla porque ha sido usada sistemáticamente como herramienta de castigo.
Protestas de jóvenes en Cuba. Foto:Efe
La oposición política es ilegal en Cuba. Tantos años de ausencia de práctica democrática han cancelado el ejercicio opositor. No hay figuras visibles ni un programa concreto para aplicar si mañana cayera el castrismo. Ningún individuo menor de 75 años tiene experiencia alguna en libertad y en haber ejercido su papel como ciudadano. El miedo generalizado a la represión ha paralizado aún más las vías de participación.
En segundo lugar, está la realidad. La Cuba de 2026 ni siquiera se parece a la de años anteriores, pues coexisten a la par varias crisis que se han acentuado tras la pandemia, que cerró la válvula del turismo, y tras una fallida reunificación monetaria impuesta por el régimen, que disparó la inflación, la devaluación de la moneda local y la precariedad.
Según el economista Pavel Vidal, las condiciones económicas y financieras actuales son mucho más débiles que cuando se derrumbó el bloque soviético. La situación del Sistema Electroenergético Nacional se ha depauperado más en el último quinquenio. Las centrales térmicas rezuman obsolescencia. Salen del sistema con frecuencia y hay averías constantes por la falta del mantenimiento necesario. Estas centrales trabajan con crudo cubano, excesivamente azufrado y por lo tanto corrosivo, y se mantienen en un ciclo de arrancadas y paradas que dejan al país a oscuras.
Cuba ha dependido notablemente en las últimas décadas del petróleo venezolano –el elefante en la habitación–. Según el cubano Jorge Piñón, experto en energía de la Universidad de Texas, en el último trimestre de 2025 la administración de Díaz-Canel recibió en promedio entre 27.000 y 35.000 barriles de petróleo diarios de sus socios venezolanos (aproximadamente el 50 por ciento del déficit diario de energía de la isla).
Para Piñón, sin Venezuela, Cuba colapsaría; pues el resto de los socios no lograrían suplir el vacío. Otras fuentes como el Financial Times sostienen, con base en estudios, que México ha venido suministrando más petróleo al país caribeño, mientras que desde Rusia apenas llega un tanquero cada tres meses.
No estoy seguro de que haya un ataque contra Cuba en el sentido militar clásico. Ni siquiera en Venezuela ha habido un ataque de ese tipo: no han atacado ni ocupado el país. Así que yo esperaría más presión económica
CBS News había reportado el 12 de enero, al contrario de las declaraciones de Trump, que Estados Unidos permitiría a México seguir enviando petróleo a Cuba porque la Administración estadounidense no buscaría un colapso del Gobierno cubano, sino negociar con La Habana para desterrar el sistema comunista. Sin embargo, esta semana Trump amenazó con imponer aranceles a los países que le vendan petróleo a la isla.
En todo caso, fuera de los envíos motivados por negocios geopolíticos e ideológicos, Cuba no tiene liquidez para pagar el combustible en el mercado internacional. Del resto de los aliados tampoco recibe noticias halagüeñas por ahora; ni Brasil ni Colombia ni Angola ni Argelia están dispuestos a dar sin recibir. La hermandad no alcanza para tanto.
La población cubana atraviesa, además, una gran crisis demográfica: baja natalidad, éxodo masivo de fuerza de trabajo joven y un envejecimiento acelerado. De la cifra actual de 9,7 millones de habitantes, para 2050 se proyecta que la isla tenga apenas 7,7 millones... Cuba será un país de ancianos.
¡No habrá más petróleo ni dinero para Cuba! ¡Cero!” (...) Les sugiero encarecidamente que lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde
Donald trumpPresidente de EE. UU.
Sumado a ello, el acceso a los alimentos básicos es una quimera. Según estimaciones de economistas, se necesitan más de diez salarios del sector mejor remunerado para alimentar a una persona. Para el Observatorio Cubano de Derechos Humanos, el 89 por ciento de la población vive en pobreza extrema. El difícil acceso a salud de calidad y medicinas, junto con las crisis sanitarias, vuelve a la isla un lugar insalubre. Durante el verano de 2025, miles enfermaron de varias arbovirosis; esta epidemia puso en evidencia el colapso del sistema de salud. Aún se desconoce cuántas personas murieron.
La determinación del régimen de La Habana por mantenerse en el poder y los métodos dictatoriales para garantizarlo no son desdeñables. Así ha sobrevivido casi siete décadas. Por otro lado, la narrativa revolucionaria aún funciona y sigue haciendo eco en muchas partes del mundo.
Las perspectivas
Para el politólogo Armando Chaguaceda, el Gobierno cubano vive el desafío “más grande al menos desde el gobierno de Reagan en los años ochenta, y probablemente desde la Crisis de Octubre de 1962. Claro, ahora es otro momento. Uno en el que el modelo está en una crisis profunda, económica, de legitimidad y política. Aun así, mantienen el control del país. Si Trump ejerce más presión sobre la economía y sobre la élite política, la situación será muy dura para ellos. Son sobrevivientes, pero esta es una presión muy fuerte”.
Chaguaceda agrega: “No estoy seguro de que haya un ataque contra Cuba en el sentido militar clásico. Si lo analizas, ni siquiera en Venezuela ha habido un ataque de ese tipo: no han atacado ni ocupado el país. Así que yo esperaría más presión económica, más sanciones e, incluso, más acciones encubiertas. Ahora, todas las opciones están abiertas”. Al fin y al cabo, “Cuba cuenta con mayor apoyo diplomático y político internacional”, comentó.
¿Qué va a pasar? ¿Será 2026 el año de la liberación y la transición democrática en Cuba; el año del fin de la dictadura más longeva de la región? ¿La caída de Venezuela es la gota que colmará el vaso y desatará una revuelta popular en la isla? Es complejo anticiparlo. Al menos muchos cubanos esperan que así sea. Hay factores externos capaces de influir, hay una crisis endógena profunda, hay individuos empobrecidos y despojados de sus derechos y hay una cúpula aferrada, como siempre, al poder.
Aun así, la realidad es mucho más rica y variable que las teorías que intentan explicarla. Cuba no es Venezuela, aunque, para muchos, se parezca bastante.
Melissa Cordero Novo - Para Eltoque y Connectas*
(*) Connectas es una iniciativa periodística sin fines de lucro que promueve la producción, el intercambio, la capacitación y la difusión de información sobre temas claves para el desarrollo de las Américas.
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