
Sabrina Carpenter se afianzó en la escena musical y de las redes sociales como una de las figuras clave de la moda pop juvenil, distinguida por una estética fácilmente identificable y posicionada en la vanguardia.
A lo largo del último año, sobresalió al adoptar y difundir el llamado estilo coquette, tendencia que recupera elementos románticos, tonos pastel y guiños vintage. Esta propuesta refuerza su presencia como referente entre la generación Z.
La palabra coquette, de origen francés, alude a un ideal femenino vinculado a la coquetería y el atractivo visual. El look coquette se inspira en la moda de finales del siglo XIX y principios del XX. Incluye encajes, lazos, corsetería, tejidos semitransparentes, polleras con vuelo y accesorios como perlas o diademas. Los colores principales son blancos, rosas pálidos, celestes, cremas y la gama de tonos suaves.
El maquillaje acompaña con rubores tenues, labios rosados y delineados sutiles, mientras que los peinados evocan ondas marcadas, semirrecogidos y adornos como moños.

Esta moda se convierte además en un recurso de comunicación visual. Aporta una atmósfera definida por la inocencia y el romanticismo, renovando las referencias de feminidad contemporánea.
La tendencia se expresa en escenarios musicales y perfiles de Instagram y TikTok de figuras internacionales. La cantante se destaca como una de las principales impulsoras de su popularización mundial.
La imagen de Sabrina Carpenter evolucionó de manera paulatina. En sus comienzos como actriz dentro del universo Disney, eligió prendas cómodas y estilismos propios de la alfombra roja adolescente, como pantalones ajustados, vestidos rectos en colores llamativos y maquillaje natural, siguiendo los códigos de la moda juvenil estadounidense.

A medida que avanzó su carrera y se consolidó como cantante solista, añadió detalles románticos y delicados en sus apariciones públicas.
Las premiaciones y lanzamientos musicales se convirtieron en espacios de experimentación visual: se incorporaron vestidos de tul, encajes visibles, lazos en hombros y accesorios para el cabello, y la paleta de colores migró hacia los rosas, lilas y blanco marfil.
En sus videoclips recientes, la narrativa estética se profundizó: el vestuario para escenarios y giras incluye faldas voluminosas, tops bordados, medias de fantasía y el clásico calzado Mary Jane. El maquillaje remarca mejillas ruborizadas y destellos perlados en los párpados, sumado a peinados con ondas suaves o trenzas decorativas.

El impacto del look también se refleja en la cultura visual de las redes sociales. Las publicaciones de Sabrina Carpenter en Instagram y TikTok demuestran un manejo consciente de su imagen, con interiores pastel, filtros brillantes, flores secas, espejos ornamentados y detalles antiguos en las fotografías.
Su influencia se amplifica entre seguidoras y creadoras de contenido, quienes replican y viralizan el hashtag #coquette a través de historias, reels y retos temáticos.
La versatilidad del estilo coquette en su figura destaca otra característica clave. En galas y alfombras rojas, Carpenter elige vestidos largos en seda, hombros caídos, collares de perlas y guantes cortos, al tener una estética clásica y refinada.

En sus shows, la propuesta se traduce en conjuntos de corsés, minifaldas de tul o satén y encajes, mostrando a la vez una actitud lúdica. La consolidación de la artista como referente del look coquette responde tanto a su enfoque creativo como a la búsqueda de nuevas representaciones femeninas dentro de la industria cultural.
Su evolución estilística emplea la nostalgia visual, pero añade ironía y autoafirmación, en sintonía con las corrientes que actualizan el vestuario pop.