
Hace dos décadas, antes de que el huracán Katrina causara una devastación sin precedentes en la Costa del Golfo, antes de que murieran al menos 1.392 personas y cientos de miles fueran desplazadas, antes de que fallaran los diques y las aguas inundaran Nueva Orleans, antes de que las fallas en la respuesta del gobierno provocaran años de cuestionamientos sobre cómo prepararse mejor para estas catástrofes... antes de todo eso, había una gran expectación ante la llegada de un huracán de categoría 5 que se dirigía hacia la costa de Luisiana.
“Esta podría ser la tormenta que todos temían”, tituló The Washington Post en portada el 29 de agosto de 2005.
Y lo fue.
Veinte años después de uno de los desastres más costosos, mortales y transformadores de la historia de Estados Unidos, los recuerdos pueden desvanecerse y las generaciones más jóvenes no tienen memoria directa de cómo ocurrió el desastre. Cada vez resulta más fácil olvidar qué hizo que esta tormenta fuera tan catastrófica y cómo gran parte de la muerte y destrucción fue provocada no solo por la furia de la naturaleza, sino por errores humanos.
A continuación, una breve e incompleta cronología visual de lo ocurrido antes, durante y después de una tormenta que transformó para siempre parte de la Costa del Golfo:
‘No tengo cómo salir’
Para la mañana del 28 de agosto de 2005, el huracán Katrina ya había atravesado Florida y cruzado el Golfo de México avanzando hacia el norte.
Ese domingo, el Servicio Meteorológico Nacional en Nueva Orleans emitió una advertencia sobre la magnitud de la amenaza, unas 19 horas antes de que Katrina tocara tierra en Buras, un pequeño poblado de Luisiana.
El pronosticador Robert Ricks emitió la alerta a las 10:11 a.m., advirtiendo que Katrina podía causar “un sufrimiento humano increíble por los estándares modernos”.
“La mayor parte del área será inhabitable durante semanas, quizás más”, decía el aviso. Al menos la mitad de las casas bien construidas perderán techos y paredes. Todos los techos a dos aguas colapsarán, dejando esas viviendas gravemente dañadas o destruidas.
La alerta describía distintos tipos de sufrimiento: la vulnerabilidad de comercios, edificios de departamentos y torres, el peligro mortal de objetos volando, la posible destrucción de cultivos, la falta de energía eléctrica y el riesgo de quedarse sin agua durante mucho tiempo.
Era una de muchas advertencias que se multiplicaban.
El presidente George W. Bush declaró estado de emergencia en Luisiana y Misisipi. El alcalde de Nueva Orleans, Ray Nagin, emitió la primera orden de evacuación obligatoria en la historia de la ciudad. “Este es un evento que ocurre una vez en la vida”, dijo Nagin, instando a la población a evacuar.
En la costa, autopistas colapsadas, hoteles llenos y estaciones de gasolina saturadas. Pero, por supuesto, decenas de miles de habitantes de Nueva Orleans –en su mayoría personas de bajos recursos y afroamericanos, muchos con problemas de salud– no tenían acceso al transporte necesario para huir de una ciudad ubicada en su mayoría bajo el nivel del mar y resguardada solo por un antiguo sistema de diques y bombas. El Superdomo, estadio de los New Orleans Saints, sería usado como refugio de último recurso, anunciaron las autoridades cuando la tormenta se acercaba.
“Yo sé que dicen ‘salgan de la ciudad’”, le contó al Post Hattie Johns, de 74 años, a medida que Katrina se aproximaba, “pero no tengo cómo salir”.

‘Peor de lo que temíamos’
Katrina tocó tierra temprano el lunes como huracán de categoría 3, con vientos feroces y marejadas que dejaron destrucción en varios estados.
El huracán hundió embarcaciones y arrasó comunidades en lugares como Plaquemines Parish, donde golpeó primero. Luego tocó tierra en Hancock County, Misisipi, cerca del río Pearl.
El aumento del nivel del mar mató a decenas de personas en un complejo de departamentos en Biloxi, Misisipi, y destruyó casinos cercanos. La marejada invadió mansiones cercanas al mar en Gulfport, rompió puentes y carreteras, y dejó daños evidentes desde Pass Christian hasta Ocean Springs y Pascagoula. En Alabama, el agua alcanzó casi cuatro metros en la isla Dauphin y anegó parte del centro de Mobile.
Tierra adentro, Katrina dejó lluvias intensas en el delta del Misisipi y provocó tornados en partes del sur.
La tormenta golpeó a Misisipi “como una tonelada encima”, dijo el gobernador Haley Barbour y expresó su miedo ante el posible número de víctimas.
Nueva Orleans tuvo su propia primera ola de destrucción. Edificios del centro quedaron dañados por ventanas rotas. El viento arrancó parte del techo del Superdomo. Árboles caídos y escombros bloquearon calles, y la ciudad quedó sin agua ni electricidad. Llegaban reportes de inundaciones en barrios como St. Bernard Parish.
Pero al principio, hubo algo de optimismo. Algunos pensaban que Nueva Orleans se había salvado del golpe más fuerte.
“Esta no fue la peor”, comentó un residente al Post mientras paseaba a su perro por el Barrio Francés poco después de que pasara Katrina.
Ese alivio duró poco.
Tras la tormenta, varios diques se rompieron, incluidos puntos críticos como el Canal 17th Street y el Canal Industrial.
Pronto, cerca del 80% de la ciudad quedó bajo el agua, barrios enteros inundados, personas atrapadas en áticos y tejados, y la ciudad sumida en el caos.
“En algunas zonas el agua tiene hasta seis metros de profundidad“, dijo el alcalde Nagin a la televisión.
La tormenta ya se había ido, pero la tragedia apenas comenzaba.
“La devastación supera nuestros peores temores“, dijo la gobernadora de Luisiana, Kathleen Blanco. “Es completamente abrumadora”.

‘Caos total’
Las imágenes de los días siguientes quedaron grabadas en la memoria colectiva de Estados Unidos.
Botes de rescate transitando aguas oscuras. Personas atrapadas en tejados, escalones o estacionamientos. Multitudes desesperadas esperando ayuda federal que demoraba cada vez más.
Familias enteras, incluyendo niños y abuelos, acampaban sobre pasos elevados. Otros huían a pie, muchos murieron en el asfalto por el calor del verano. Soldados patrullaban las calles y helicópteros volaban sobre la ciudad.
Otros emprendieron el éxodo: Baton Rouge, Houston, Dallas, Atlanta. Muchos perdieron todo. Muchos no regresaron jamás.
“Esto es un caos absoluto“, relató un policía de la Guardia Nacional de 27 años al Post al ver que la situación se agravaba afuera del Superdomo.
“Hemos intentado salir”, dijo Cornelius Washington al Post sobre un puente cercano días después de la inundación. “Nadie nos dice quién, qué, dónde, por qué ni cuándo. Cuando informan algo, es sobre lo que no van a hacer”.
“Nunca pensé ver Nueva Orleans de esta manera", expresó en español José Mejilla, tras caminar varios kilómetros y cargar sólo una bolsa con sus pertenencias. “Siento que estoy muerto”.
El reportero que cubrió el desastre sintió lo mismo.
“Fue peor de lo que hubiera imaginado”, escribió en un diario días después de su llegada. “He visto gente agotada, hambrienta y moribunda afuera del Superdomo, del centro de convenciones y viviendo sobre el concreto de la autopista Interestatal 10... He subido a botes de rescate que navegan sobre agua contaminada, pasando por cadáveres flotando para buscar sobrevivientes".
Calles desiertas, barrios sumergidos, soldados armados patrullando. Todo parecía y aún parece inexplicable.
“Esto”, escribió ese lunes en Nueva Orleans, una semana después del desastre, “no puede ser Estados Unidos”.

‘Katrina mostró debilidades’
Se han escrito libros, filmado documentales y publicado informes oficiales sobre las razones por las que Katrina fue tan devastador, por qué su recuerdo aún perdura y qué podría haber evitado parte del sufrimiento y la muerte.
Mark Davis, director del Centro de Derecho Ambiental de la Universidad Tulane, lo resume así: Katrina fue fuerte, pero la naturaleza no fue la única responsable de la catástrofe.
“Fue un fracaso político y gubernamental“, dijo en una entrevista reciente. “Katrina mostró debilidades”.
Debilidades en los diques, en la planificación y en una ciudad llena de desigualdades y con recursos insuficientes para enfrentar una crisis semejante.
Algunas de esas debilidades se han corregido con el tiempo. Después del desastre, el Congreso le dio más autoridad a la agencia FEMA y la estableció como una entidad independiente dentro del Departamento de Seguridad Nacional, entre otras reformas.
El nuevo sistema de diques que protege a Nueva Orleans es ahora más robusto, aunque no infalible, y la ciudad está menos expuesta a tormentas como la de hace veinte años.
“Ahora estamos mucho mejor protegidos”, afirma Norma Jean Mattei, profesora emérita de ingeniería ambiental en la Universidad de Nueva Orleans y expresidenta de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles. “Nada está garantizado... Pero mientras lo mantengamos adecuadamente, estamos mejor que antes de Katrina”.
Pero Mattei, quien nació en la ciudad, tiene otra preocupación. Ante el cambio climático, cada vez son más frecuentes e intensos los desastres naturales, y muchas zonas siguen siendo vulnerables a tragedias como Katrina.
Davis cree que otros grandes desastres inevitablemente ocurrirán. Por eso le inquietan los recientes recortes a FEMA, al Servicio Meteorológico Nacional y a otras instituciones responsables de prever y responder a estas situaciones.
“Veo señales de que vamos retrocediendo”, señala.
En Nueva Orleans, donde mucho cambió pero mucho perdura dos décadas después, Davis dice que la gente vive con la certeza de que todo puede cambiar en un instante. Sin la planificación ni el esfuerzo adecuados, sobrevivir no está asegurado.
“Salimos de esto con una mayor consciencia de nuestra propia fragilidad, como personas y como ciudad", sostiene.
Cree que es una lección que el país debería recordar.
"Katrina es algo más grande que lo que le pasó a Nueva Orleans“, concluye. “Se trata de lo que le ocurrió a Estados Unidos“.
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